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La traducción jurada

En ocasiones se produce el error de solicitar una traducción jurada esperando con ello que la calidad sea superior a la de una traducción «simple». Lejos de ser así, la diferencia radica en el carácter oficial de las traducciones juradas, es decir, su certificación como traducción exacta y veraz de un texto original, que tiene validez legal por haber sido realizada por un traductor jurado habilitado por el Ministerio de Asuntos Exteriores para traducir documentos oficiales.

En primer lugar, debemos establecer la distinción entre traducción jurídica y traducción jurada. La traducción jurada abarca más temas que la traducción sobre temas jurídicos, ya que puede tratar prácticamente cualquier ámbito. Las traducciones juradas son necesarias en función de su finalidad y del organismo que las requiera. Este puede ser el caso de organismos de la Administración Pública, juzgados, registros, universidades y otros centros educativos.

Entre los documentos que pueden ser objeto de una traducción jurada cabe mencionar:

  • Contratos, escrituras, poderes o estatutos que se hayan redactado originalmente en una lengua extranjera o que deban presentarse en otros países, como en el caso de las licitaciones públicas.
  • Documentos judiciales sobre hechos cometidos en el extranjero o para juicios que tengan lugar en otros países.
  • Convalidaciones de títulos, expedientes académicos u otros documentos universitarios.
  • Certificados de matrimonio, sentencias de divorcio, partidas de nacimiento o defunción.

Las características principales de una traducción jurada son:

  • El traductor debe trabajar con el documento original, que incluirá todos los sellos, timbres, firmas o apostillas, en su caso.
  • Cada una de las páginas del original y la traducción debe llevar el sello del traductor que la jura.
  • La fecha debe figurar en todas las páginas de la traducción.
  • Al final de la traducción debe aparecer la firma del traductor, dando fe de que es totalmente fiel al documento original.

En cuanto a la presentación de la traducción jurada ante el organismo o institución competente, deberá ir acompañada siempre del documento original o de una copia compulsada del mismo. En ocasiones, para la legalización de documentos públicos en el extranjero, se podrá exigir que el documento original vaya acompañado de la Apostilla de la Haya, como reconocimiento de la eficacia jurídica de cualquier documento público que haya sido expedido en los países firmantes del Convenio de la Haya. En ese caso, el traductor también debe traducir dicha apostilla.

Si el destino de la traducción es un país que no forma parte del convenio de La Haya, en primer lugar el documento original debe legalizarse. Una vez realizado este trámite, el traductor jurado procede a realizar la traducción provista de todos los sellos y legalizaciones, y posteriormente obtener el reconocimiento como traductor jurado por el Ministerio de Asuntos Exteriores. Por último, la traducción debe presentarse en la Embajada o Consulado del país donde surtirá efecto.

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